No busco capturar solo la instantánea de un suceso, sino que más bien relatar una historia; aquella que existe tras un momento único y que despierta las más variadas emociones.
Todos hemos visto o tenemos en nuestro poder diversas fotografías que por si solas no cuentan mucho, pero que gracias a nuestros recuerdos las contextualizamos dentro de la historia que le pertenece; apareciendo de niño celebrando nuestro cumpleaños donde participó por última vez nuestro abuelo que lamentablemente fallecería en unos meses más, la fotografía de aquel grupo de amigos de verano donde conocimos al que se convirtió en el amor de nuestra vida, la imagen de la celebración por inaugurar nuestra nueva casa, el paseo familiar inolvidable de las últimas vacaciones, etc.
Por supuesto que podemos crear una fotografía publicitaria donde «armamos» una historia que contar de manera artificial, ya sea utilizando elementos de escenografía, modelos, extras, etc. Pero aun en estos casos, también estamos hablando sobre una historia, no solo sobre la captura de una imagen en particular y eso es lo potente que posee la fotografía; transmitir una infinidad de ideas solo a través de una imagen estática.
El desafío en este punto, precisamente es ser capaz de relatar aquellas historias en tan solo una imagen, donde además de ti, los demás también sean capaces de entenderlas e interpretarlas, de modo que a futuro las puedas compartir con tus hijos y nietos, pudiendo entender ellos lo que viviste en algún momento de tu vida, potenciado por la magia de este bello arte.
No es una tarea fácil relatar una historia mediante una sola escena, ya que cada uno vive sus emociones de distinta forma y por lo mismo, la interpretación de una fotografía podría ser totalmente subjetiva, sin embargo, ese proceso creativo resulta inmensamente gratificador para los que amamos este arte.
